Los caminos del azul: Córdoba Tres Culturas

Los caminos del azul: Córdoba Tres Culturas

Viernes 12 de febrero de 2016.

Alumnado y profesorado del Centro visitamos la ciudad de Córdoba.

Muy pocas ciudades europeas pueden acarrear una historia tan copiosa como Córdoba. Allá donde se mire, exhala arte y sabiduría. Su memoria más primitiva data de época romana, cuando fue fundada como urbe comercial, administrativa y cultural. De su entonces navegable río Guadalquivir partían hacia la desembocadura de Gades los barcos cargados de aceite de oliva y minerales rumbo a la metrópoli. En la Córdoba romana nacieron el filósofo Séneca y su sobrino el poeta Lucano, cuyo recuerdo queda hoy en las calles y plazas del barrio viejo. La historia de Córdoba es especialmente feliz en época de Al-Andalus. Hasta aquí llegó Abd al-Rahman I, proclamado emir tras su huida de Bagdad.

Esta visita está encuadrada en las actividades del programa:PROGRAMME ERASMUS+ / PARTENARIATS STRATEGIQUES

Project n° : 2015-1-FR01-KA204-015265

Les chemins du bleu en Europe : transversalité des langages et transculturalité des apprentissages.

El patriarca de la dinastía Omeya fundó un emirato que su descendiente Abd al-Rahman III, a mediados del siglo X, proclamaría califato. De ese modo, la capital andaluza alcanzó su máxima gloria.

Por entonces, la Mezquita era el gran monumento del Islam occidental. Cuentan que Medina Azahara fue la urbe más suntuosa jamás soñada, y que el alcázar, la medina y los baños árabes acogieron a poetas, artistas y mercaderes llegados de todos los rincones.
Córdoba dejó de ser árabe en 1236, cuando el Rey castellano Fernando III El Santo entró con sus huestes en la ciudad. Inmediatamente, la gran mezquita se consagró a la cristiandad y con los siglos sus obispos incrustaron en el corazón del edificio una polémica catedral de estilo tardogótico.

La memoria de Sefarad en Córdoba

En Córdoba, como en Toledo, la huella material de los judíos queda reflejada en sus juderías y sinagogas. A pesar de su expulsión, diáspora y persecución, los sefardíes supieron mantener su memoria, cuya lengua y tradiciones se mantienen en enclaves mediterráneos e iberoamericanos.

Después de que revueltas antisemitas despoblaran la judería cordobesa y que un edicto obligara al destierro de sus moradores en 1483, su memoria parece restituirse. Tras seis siglos de dichos sucesos, la Casa de Sefarad, enclavada en el mismo corazón de la Judería, frente a la sinagoga de Córdoba, hace justicia histórica recuperando un legado todavía vivo. Puente entre el pasado y el presente de la cultura judía, pretende rescatar costumbres, tradiciones, actitudes y gestos que emergen en lo festivo, lo alimentario, lo coloquial. Nos quedaríamos cortos al definirlo como museo, ya que por su trayectoria y pretensiones, este centro privado, instalado en lo que fue una casa mudéjar, se ha convertido en un referente de difusión y dinamización cultural de la ciudad.

Una exposición permanente ocupa dos plantas con salas dedicadas a la vida doméstica, las mujeres de Al-Andalus, la Judería de Córdoba, ciclos festivos, música sefardí, Maimónides, la sinagoga y la inquisición. Para ello, vitrinas con piezas e instrumentos musicales acercan al visitante a los principales momentos y sonidos de fiestas judeo-sefardíes, así como la indumentaria, trajes de boda, menaje de cocina, ajuares y joyas. En la segunda planta, el libro hebraico por excelencia, el Sefer Torá, preside la sala de la sinagoga. Si Maimónides, figura cumbre del pensamiento judío, fue homenajeado por su ciudad hace 46 años con una efigie y una pequeña plaza cercana a la Casa de Sefarad, esta institución le dedica un interesante espacio. A través de una biografía gráfica, una cartografía de su diáspora y un audiovisual se recorre su obra, vida y legado. Asimismo, la inquisición y la persecución de los conversos (judíos convertidos al cristianismo que mantenían sus creencias) son testimoniados a través de manuscritos de inquisidores. Los autos de fe nos recuerdan los procesos por los que miles de víctimas durante 400 años fueron condenadas a cárceles, hoguera y otras penas.

Pero no todo queda en lo expositivo, ya que el director del centro, Sebastián de la Obra, bibliófilo y bibliotecario empedernido, fundó aquí una biblioteca-centro de documentación con una importante colección bibliográfica, hemerográfica, archivística y audiovisual. Investigadores y eruditos obsesionados con Sefarad, Al-Andalus, y las diásporas hallarán aquí 15.000 títulos; fondos que la convierten en un espacio de pensamiento privilegiado.

El patio, la biblioteca y el entorno de la Casa de Sefarad siguen manteniendo una estudiada programación cultural que acoge a las figuras más relevantes del pensamiento y del panorama artístico judeo-sefardí en coloquios internacionales, tertulias, conferencias especializadas, presentaciones de libros, ciclos musicales, talleres, jornadas, recitales y obras teatrales. Por el compromiso en pro de la diversidad y el encuentro intercultural, la Casa de Sefarad de Córdoba recibió no hace mucho la medalla de Andalucía.

 

 

Fotografias Pascual

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